
Busqué una estrella fértil donde sembrar mis sueños.
Los rocié cada noche con luz de luna.
Los aboné con latidos de mi corazón.
Los besé con besos de azúcar,
para que su dulzura los hiciera crecer más deprisa.
Y día tras día bailé a su alrededor la danza salvaje de la vida.
Ahora solo me queda esperar que mis sueños germinen,
para alimentarme con ellos y mientras mis sueños viven a través de mí,
yo seguir soñando a través de la vida.
Los sueños nos hablan mientras nosotros permanecemos en silencio, solo tenemos que escuchar su mensaje ausente de ruido. Luego debemos hacernos cargo de ir en su encuentro, para que no queden perdidos en la eternidad de la noche, y ocupen un lugar en el cielo junto a todas esas estrellas que aspiramos con nuestra mirada como si de un mar de luna se tratará.